Los reinos Aimaras, los que también se encontraron en los alrededores de Puno (con las chullpas de Cutimbo y Sillustani), tuvieron su momento en las inmediaciones del Salar de Uyuni.
Aquí, en lugar de torres en las que enterrar a sus jefes, creaban tumbas con roca volcánica. Allí se encuentran todavía los huesos de los curacas descarnados por el sol pero aún cubiertos con sus ropas mirándote desde las cuencas vacías de sus ojos.
Se encuentran al lado del museo de San Juan del Rosario
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